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20 de diciembre de 2007

EE.UU Y AMERICA LATINA: UNIDOS O DOMINADOS?




Esta semana la legislatura nacional aprobó en ambas Cámaras, un proyecto de resolución en repudio al accionar del gobierno de los Estados Unidos, en virtud del agravio causado a la Argentina y a la presidenta Cristina Fernández, en el marco de la investigación por la valija del empresario venezolano Guido Antonini Wilson.

Además, la Cámara Baja rechazó un pedido para convocar a rendir informes al canciller Jorge Taiana y al ministro de Justicia y Seguridad, Aníbal Fernández, y el Senado hizo lo propio con un pedido de interpelación al jefe de Gabinete, Alberto Fernández, impulsado por la oposición.

Esta situación, compleja por cierto, en el marco de las relaciones bilaterales con EE.UU, debe ser analizada también como parte de un posicionamiento político de EE.UU de cara a ejercer su influencia en las relaciones económicas y políticas de los países de la región, que han entrelazado fuertemente sus mecanismos de integración en diferentes acuerdos que potenciarán las relaciones de los países de América Latina, tanto desde la órbita del MERCOSUR, como en otros acuerdos bilaterales y multilaterales, que tienden a solidificar las relaciones de los países de América Latina.

La tensión entre EEUU y Argentina, forma parte de la “cuña” que históricamente el país del Norte, se ha caracterizado por introducir en las relaciones hemisféricas e internacionales, pugnando por cortar lazos, en pos de conservar un dominio basado más en la ruptura que en la construcción política y el consenso.

La historia condena a EE.UU por sus fracasos, cada vez que intentó “alinear” a los países latinoamericanos a sus políticas, variando sus “excusas estratégicas”, alguna vez la administración Kennedy lanzó su “Alianza para el Progreso”, con la intención de propender a democratizar América Latina, ayudar a su desarrollo y bregando por la inclusión social, cuando en verdad, su objetivo real era la contención de la influencia de la “revolución cubana” y la expansión comunista en América Latina en plena “Guerra Fría”, la Alianza para el Progreso, no resultó lo que se esperaba y la estrategia de EE.UU de “ayudar” a América Latina cayó en “saco roto”.

Décadas más adelante, en plena recuperación de los procesos de integración latinoamericanos, tras los fracasos de los proyectos anteriores, George Bush (padre) lanzó el ALCA (Area de Libre Comercio para las Américas), que pretendía instaurar una zona de libre comercio de Alaska a Tierra del Fuego, imponiendo la consigna capitalista de un libre comercio “in extremis”, donde los países de nuestra región debían negociar mano a mano con EE.UU la integración regional, dejando de lado los acuerdos pre existentes, como el propio MERCOSUR, que quedaría subsumido en una estructura gigantesca de economías absolutamente heterogéneas y con un grado de desarrollo relativo muy dispar. Lógicamente el proyecto del ALCA, también fracasó…

Hoy EE.UU nuevamente mete su “cuña” en las relaciones bilaterales latinoamericanas, y más allá de que nadie puede negar la necesidad de investigar el mediático caso de la “valija”, no puede permitirse la intromisión directa del gobierno de EE.UU, en temas que debe discernir la justicia argentina.

Este análisis no viene a cuento de una posición anti – EE.UU, sino que, el motivo del mismo, descansa en la necesidad de ratificar y fortalecer las relaciones recíprocas entre los países latinoamericanos, que puedan construir su propia identidad y cohesionar sus políticas internacionales, consolidando los proyectos de integración regional como el MERCOSUR, su ampliación en el número de miembros plenos y en lo inherente a que sus decisiones sean directamente vinculantes en los estados parte, como así también reordenar sus objetivos estratégicos y sus alianzas como bloque, con otros sistemas de integración y con países que puedan resultar socios estratégicos en el comercio internacional y las inversiones productivas.

Los países latinoamericanos, sin descuidar la necesidad de construir una red de relaciones internacionales, que los vinculen a las economías más desarrolladas, sin descartar a EE.UU, deben consolidar sus procesos de integración regional y tender a fortalecer un espacio común, que cuente con peso específico propio, que les posibilite negociar con fortaleza en los diferentes ámbitos y foros de concertación hemisférico e internacional.

Como decía un visionario general Perón hace más de 50 años, “el siglo XXI nos encontrará unidos o dominados”.-

7 de diciembre de 2007

Pergamino y Rafaela: Dos ciudades, dos modelos



Esta semana que pasó, el Diario Clarín, de amplio tiraje nacional, reflejó en el Suplemento Zona, una nota emblemática de la cuestión del desarrollo local, y la tituló “la Argentina deseada… Rafaela, el modelo de ciudad que deslumbra a la nueva Presidenta”.

Esta mención habrá tonificado el orgullo de los rafaelinos, sus autoridades, sus instituciones, sus empresarios y sus trabajadores, porque estos elogios tan merecidos por cierto, tienen un basamento real y son producto de la interacción de actores locales en torno a una estrategia común, o lo que la propia Cristina Fernández de Kirchner definiera como un “modelo virtuoso”, caracterizado por un entramado de empresarios emprendedores, de una matriz productiva diversificada, una arraigada cultura exportadora, un fuerte compromiso con la educación y la formación de los recursos humanos y una marcada y modernizada técnica de gestión pública y privada, donde el desarrollo local es el objetivo compartido por todos, la “Marca Rafaela” es producto de ese “proceso virtuoso”, participativo, que denota responsabilidades compartidas.

Como dato revelador de los logros de esta ciudad en materia de crecimiento económico asociado al desarrollo y a la “emprenditorialidad” de sus actores locales (gobierno, instituciones, pymes y trabajadores), podemos observar que mientras el valor promedio de cada tonelada exportada por la República Argentina globalmente como país, ronda los 460 dólares, mientras en Rafaela, las pymes locales (que comercializan sus productos en 86 países) exportan a un valor promedio de 3 mil dólares la tonelada, esto es valor agregado, empleo y desarrollo económico local.

Rafaela, es sin dudas el ejemplo a seguir para actores locales (especialmente los intendentes y funcionarios comunales), quienes tienen como meta un proyecto de desarrollo estratégico para su ciudad, que no sea dependiente al extremo de la situación nacional y el contexto internacional imperante, pasando de lo coyuntural a lo estructural, que es lo que realmente denota una decisión política conducente a una estrategia de desarrollo local.


Pergamino y su realidad

Un caso típico de ciudad que navega sobre la coyuntura, sin planificación estratégica, ni política local de desarrollo productivo, hoy día, la bonanza del sector agropecuario, particularmente, con precios internacionales de los cereales y el complejo oleaginoso en sus máximos históricos, posibilitan la inyectan de recursos líquidos en la ciudad, que estimulan otros sectores de la economía, como la construcción, el incremento notable del parque automotor, el estímulo del consumo que favorece al comercio y los servicios de la ciudad, pero que encuentra su propio techo en el mero consumismo, sin contar con una planificación local que promueva inversiones productivas o industriales, a través de los ahorros que pueda generar la renta agropecuaria y otras actividades económica que se han reactivado a partir de la ostensible mejora de la economía nacional.

Pero esto que ocurre en Pergamino, va a contramano del desarrollo local, es crecimiento económico desordenado, concentrado en un sector de la población y que contribuye a incrementar las desigualdades sociales y la inequidad, que a su vez lleva consigo mayores problemas sociales, y una total y absoluta desatención de la población marginada por este sistema, es decir, desempleados, subempleados y trabajadores, que están cada vez más lejos de los valores consumistas de la fracción de la población agraciada por esta bonanza.

Por eso hacíamos esa referencia primaria de “Dos ciudades, dos modelos”, Pergamino y Rafaela, crecimiento versus desarrollo, coyuntura versus estrategia, consumo versus inversión productiva, en definitiva, y aunque nos resulte molesto reconocerlo, en Pergamino, para un grupo selecto, hay un buen presente; en Rafaela, y para todos, hay un mejor presente y un promisorio