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20 de abril de 2010

DEVALUACION DEL PESO ARGENTINO: UN ESPEJISMO PARA BENEFICIAR A UNOS POCOS!


Técnicamente, la devaluación implica una depreciación relativa de la moneda nacional, respecto a otras monedas del mundo, lo que supone a priori, mejorar los términos de intercambio en el comercio internacional, favoreciendo las exportaciones y acotando el margen de las importaciones en el país que devalúa.


Algunas entidades gremiales empresarias, tal el caso de la Federación Agraria Argentina o la Unión Industrial Argentina, han señalado que nuestra economía sufre un “atraso cambiario” y que está perjudicando a la industria y a la producción agropecuaria, que dependen de las exportaciones (más concretamente, la soja!).


La posibilidad de depreciar la moneda es una opción para mejorar la competitividad de nuestras exportaciones, pero se trata de un modelo de competitividad visto solo en términos relativos y coyuntural, pues no está cimentado en una verdadera competitividad empresarial, en la cual, determinados sectores de la industria nacional sean genuinamente competitivos, ya sea por sus factores de producción, por la tecnología aplicada a los procesos productivos o por cuestiones netamente geográficas.


Notamos con preocupación un reclamo creciente en pos de una devaluación, que promueva un proceso coyunturalmente competitivo para la producción exportable argentina, pero al mismo tiempo, el reclamo de algunos sectores de la industria y el agro, no están contemplando los efectos no deseados de una depreciación de nuestra moneda.


Cuando se devalúa, las importaciones resultan más costosas (hace falta una mayor cantidad de la divisa nacional para comprar divisa extranjera y por lo tanto importar bienes y servicios), y la Argentina, más allá de su modelo de industrialización por sustitución de importaciones, necesita seguir comprando en el exterior un sinnúmero de productos, insumos y bienes de capital para seguir desarrollando su modelo productivo.


Por otra parte, una devaluación hace disminuir la confianza en la moneda nacional y en la economía del país que devalúa.

También la devaluación puede provocar inflación y aquí observamos la mayor amenaza que subyace luego de un proceso de depreciación de la moneda, y está dado por la pérdida de poder adquisitivo en el asalariado.


La industria (los sectores exportadores puntualmente) es sabido, tendrá una mejor rentabilidad relativa, por la baja de los costos internos pos-devaluación, expresados en pesos, mientras seguirá vendiendo al exterior en dólares, euros o la moneda que se trate y que será más fuerte que el peso argentino devaluado, transformando así sus costos a valor de una moneda nacional depreciada (salarios incluidos).


En este contexto, vemos más viable que los sectores de la producción y la industria nacional, trabajen en forma conjunta con los diferentes organismos del Estado, en lineamientos que coadyuven a optimizar la producción, reducir costos y lograr nuevos mercados para los productos argentinos, y evitar así la opción de la devaluación, que temporariamente puede parecer un espejismo que beneficie a un determinado y minoritario sector, direccionado a las exportaciones, y termine siendo perjudicial para los sectores asalariados y los de más bajos recursos, mayoritarios ellos, y víctimas usuales de los procesos inflacionarios y de la devaluación asimétrica de la moneda nacional.

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