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24 de octubre de 2011

El "fin del trabajo" (?). Creación de empresas en cabeza de jóvenes emprendedores

El Programa de “Capital Semilla” del Ministerio de Industria de la Nación una gran herramienta estratégica para el desarrollo del autoempleo.


Proyectando las necesidades del desarrollo estratégico, es indefectible recrear las competencias emprendedoras y fomentar el espíritu de riesgo, sobretodo en el sector de los jóvenes, esto debe transformarse en el eje substancial para fomentar la creación de empresas y el empleo genuino.

Debemos hacer una apuesta fuerte para ir traspasando de un postulado prioritariamente especulativo, de base rentista y financiero (que hoy caracteriza el esquema de los negocios en Pergamino), a una estrategia de desarrollo productivo con asiento en la transformación de la materia prima y el agregado de valor, que favorezca un desarrollo industrial y la creación de nuevas PyMES, estrategia que en Pergamino ha quedado relegada.

El Ministerio de Industria de la Nación, a través de la SEPYME, ha creado un programa destinado a emprendedores, a partir de la sanción de la ley 25.872 de Promoción y Desarrollo del Empresariado Jóven. Este programa apoya a jóvenes de 18 a 35 años, que cuenten con una Idea Proyecto o un Plan de Negocios en los sectores de Industria, servicios industriales, TIC´s e investigación y desarrollo, brindando para ello un aporte de Capital Semilla (en la forma de "Préstamo de Honor").

Este plan brinda un apoyo financiero, que va desde los 15.000 a los 60.000 pesos, según el estadío en que se encuentre el emprendimiento; a su vez se apuntala a los jóvenes empresarios, con tutorías universitarias permanentes, que ayudan a la hora de proyectar un plan de negocios y ejecutarlo con éxito. Es decir que desde el gobierno nacional existe un decidido apoyo a que el empresariado nacional crezca y se consolide, y que particularmente los más jóvenes puedan ir desplegando sus habilidades emprendedoras en un contexto macro particularmente favorable para plasmar iniciativas empresariales, asumiendo riesgos.

En Pergamino, la UNNOBA ha comenzado a trabajar con un marcado apoyo en materia de competencias y estímulo de las iniciativas empresariales, conformando un Nodo de Desarrollo Emprendedor, a partir del Programa de Parques Tecnológicos e Incubadoras de Empresas, dependiente de la Comisión de Investigaciones Científicas del Ministerio de la Producción de la provincia de Buenos Aires.

Este es un dato de la realidad significativamente alentador, porque la UNNOBA, entidad de educación superior por excelencia en nuestra región, asume un rol que va más allá de su competencia en la formación y egreso de profesionales, y pasa a ocuparse paralelamente de fomentar el espíritu de riesgo y el emprendedorismo, brindando apoyo en la planificación de los proyectos con potencial, esta es una actividad estratégica, si pensamos proyectar el desarrollo regional a partir de la creación de empresas.
Al esfuerzo de la UNNOBA deberían sumarse otra instituciones del tercer sector, como también la educación media y terciaria de nuestra ciudad, de modo tal que el fortalecimiento de las competencias emprendedoras y la concientización del espíritu de riesgo empresarial, vaya ganando referencia curricular en los diferentes espacios educativos y desde edades muy tempranas, los jóvenes comprendan la importancia estratégica de emprender, de arriesgar en actividades empresariales con sesgo productivo.

 
Estamos transitando el siglo XXI y cada día que pasa, vemos con sorpresa que la hipótesis elucubrada por el economista estadounidense, Jeremy Rifkyn, en su obra editada en 1.995, titulada "The End of Work" (El Fin del Trabajo) se va confirmando, y el empleo, tal como lo concebimos a lo largo de la historia y aún en la actualidad, escasea y el panorama será aún más complejo y desalentador en el futuro próximo.

 
De este modo, el mensaje que pretendo transmitir con estas líneas, es que un emprendedor formado no sólo técnicamente en el proyecto que lleva adelante, sino también en la conciencia de crear su propio empleo, podrá adquirir habilidades fundamentales que le permitan subsistir en un mundo globalizado, competitivo y complejo, donde el concepto del empleo estable, va quedando derrumbado.-


15 de octubre de 2011

LA “RURALIDAD INDUSTRIAL” UN PROYECTO NACIONAL PARA MODIFICAR LA MATRIZ PRODUCTIVA DE LA ARGENTINA







Columna para "Hora Pymes" - Radio 10 Pergamino y DiarioPergamino.Com






La Presidenta de la Nación, Cristina Kirchner, ha tomado una decisión estratégica que será histórica para nuestro desarrollo y tiene que ver con el impulso del concepto de la “ruralidad industrial”.

Esta decisión que nuestra mandataria enfatiza en cada uno de sus discursos, donde trata de que la sociedad internalice las implicancias y los beneficios de esta estrategia en cada una de las regiones del país, a fin de que la matriz productiva vaya virando hacia el valor agregado, superando paulatinamente el modelo agro-exportador de materias primas, re-direccionándolo a la industrialización y elaboración de alimentos para el mundo.


Para entender el modelo agro-exportador, aquel mote de “Granero del Mundo” con que se conocía a la Argentina, tan arraigado en nuestra idiosincrasia social y económica, tenemos que mirar bastante para atrás y retroceder en el tiempo hasta 1.880, épocas del controvertido Julio A. Roca, cuando la Argentina aparecía en condiciones de insertarse en el comercio mundial como proveedor de materias primas de una de las potencias mundiales del momento como era Inglaterra, tras nuestra “descolonización” de la Corona Española.


El comercio internacional argentino, estaba signado bajo este modelo exportador de productos primarios e importador de la mayoría de las manufacturas que se consumían en el mercado interno, relegando la posibilidad de industrializar nuestra materia prima, y si bien este esquema posibilitaba a nuestro país períodos de prosperidad económica, forzaba una situación de dependencia de la industria extranjera, que nos proveía de las manufacturas necesarias.


A su vez este modelo capitalista, coadyuvaba a la fragmentación e inequidad social, con sectores concentrados en la explotación agropecuaria muy acaudalados y estratos sociales muy bajos, dependientes de una oligarquía dominante.


Por otra parte, la condición de la Argentina como país periférico de la economía mundial, favoreció a que las naciones más industrializadas de Europa, influyeran en forma determinante sobre la organización de la producción nacional, porque (al igual que ahora), eran las potencias del momento las que fijaban los precios de los productos y decidían el destino de las inversiones de los capitales transnacionales, esto condicionaba las decisiones autónomas acerca de qué productos convenía producir en cada país.


Hoy 130 años más tarde, no es distinto lo que ocurre con los mercados internacionales, las cotizaciones de nuestros “comodities” no dependen únicamente de los “fundamentals” (*) de mercado, la especulación financiera e intereses ajenos a nuestro país, influyen en la determinación de los precios y condiciona los volúmenes de producción, a su vez, nuestra balanza comercial externa, se compone en gran parte de su saldo positivo por las divisas que ingresan por exportación de materias primas, mientras las importaciones son mayoritariamente de manufacturas con valor agregado por trabajo extranjero.

Pero la tendencia histórica empieza a torcerse, el año 2010 cerró por primera vez con el ítem en nuestra balanza comercial que mide las manufacturas de origen industrial (MOI) superando a las manufacturas de origen agropecuario (MOA), es un buen comienzo, pero el verdadero desafío es cambiar el paradigma productivo nacional y “estirar” las cadenas de valor de nuestra producción primaria; la cadena de la soja, por ejemplo, transformada en aceite, alimentos para consumo humano y animal, y potenciando la conversión de granos en carne, panificados y pastas, entre otras manufacturas.


Pero en toda esta estrategia que finalmente se implementa, hay una clave que resulta primordial, que el valor agregado se produzca en el origen mismo de la materia prima, evitando deslocalizar los procesos productivos, revitalizando la cultura del trabajo en los pueblos y las ciudades del interior argentino, a través de la industrialización, pero también de la investigación y el desarrollo de las tecnologías aplicables a los alimentos y a los procesos.


Esto debe emparentarse con una iniciativa política de desarrollo endógeno, con instancias participativas y de consenso local, donde los municipios, las entidades intermedias y los actores de la educación, participen activamente en estos procesos virtuosos y hagan sus aportes de conocimiento y responsabilidad social en la prospectiva territorial.


Hay una definición del Presidente del INTI, Enrique Martínez, uno de los organismos abocados a fortalecer esta estrategia que sintetiza el concepto de “ruralidad industrial” y lo define gráficamente: “el desarrollo de fuerzas productivas a escala de cada ciudad, que sean capaces de producir gran parte de los bienes que allí se consumen o utilizan, con una dimensión económica, pero sobre todo social”.


Lisandro Mogliati
Lic. en Gestión de Negocios Internacionales
“Hora Pymes” – Radio 10 Pergamino // DiarioPergamino.Com
www.lisandro-mogliati.blogspot.com

12 de octubre de 2011

Problemas en la economía mundial: Dificultades y Oportunidades para la Argentina



Problemas en la economía mundial, Dificultades y Oportunidades para la Argentina (*)

La economía mundial está entrando en una nueva recesión dado el agravamiento de la situación de los países desarrollados y a que los responsables del manejo de la política económica de esa región están más decididos a atender el problema de las finanzas que el de la economía real. Esta recesión es la segunda parte de la que se inició en el año 2008, dado que no se resolvieron los problemas de fondo que la desencadenaron. A diferencia de cuando surgiera tres años atrás, en que había estallado en el sistema financiero especulativo de estos países, ahora se ha transmitido a la economía real, que ya venía creciendo a tasas muy bajas. Ante ese panorama se han implementado como respuesta muy fuertes programas de ajuste fiscal que están agravando la contracción de sus economías (como no podía ser de otra manera) aumentando las condiciones para que se desencadene una crisis de deuda en varios países del viejo mundo. La crisis ya está afectando de alguna manera al resto de los países del mundo.

Vale la pena recordar que apenas tres años atrás, los días siguientes a la explosión de la burbuja especulativa, y para evitar que una buena cantidad de bancos quebrara ante el peligro de no poder hacer frente a sus obligaciones (como el centenario Lehman Brothers), los representantes del sector financiero lograron imponer a la sociedad la idea de que se necesitaba rescatar a los bancos para evitar que todo el sistema económico se hundiera. Luego de tener que decidir contrarreloj el curso de la acción a seguir, y ante fuertes reclamos de los ciudadanos de esos países pidiendo el castigo de los bancos y de los banqueros, finalmente sus gobiernos decidieron implementar fuertes ayudas al sistema financiero, prácticamente gratuitas, dejando fuertemente endeudados a los países y muy agravadas sus cuentas públicas nacionales. Los Estados, luego de esas ayudas, debieron hacerse cargo de los intereses de la nueva deuda “heredada”. Dado que estas economías estaban creciendo poco y no pueden generar en forma genuina los recursos excedentes necesarios para pagar los costos de la deuda, repitiendo la estrategia que a la Argentina la llevó a la explosión del año 2001, han decidido recortar sus gastos públicos para enfrentar esas obligaciones. Esto es lo que les exigen los técnicos y los tecnócratas del FMI y del Banco Central Europeo para aportarles los recursos que necesitan para enfrentar los pagos. Los programas de recorte fiscal aplicados son demasiado similares a los que se implementaron una década atrás en nuestro país: privatización, aumento de la edad de jubilación de los trabajadores, descenso de los salarios del sector público y de las jubilaciones, reducción de las plantillas de trabajadores del Estado y recortes de los programas sociales que atienden a la población más necesitada. Como es bastante sencillo de predecir, la aplicación de estas medidas no puede provocar más que recesión, hasta que la situación sea insostenible. Hacia allí vamos.


Cambios estructurales en el mundo

La pregunta principal que habría que haberse hecho tres años atrás era por qué los principales líderes económicos de los países desarrollados representan al sector financiero y no al sistema productivo. O lo que es más o menos lo mismo, por qué el sector productivo dejó de ser el sector que lidera la conducción económica de estos países. Para responderlo, hay que tener en cuenta que el sistema económico mundial ha sufrido grandes cambios en las últimas cuatro décadas. Ya a inicios de la década del ´70, la crisis del petróleo había provocado enormes transferencias de dinero de los países petroleros a los desarrollados buscando oportunidades donde colocar los nuevos ahorros. Esa fabulosa cantidad de dinero en poder de los bancos occidentales comenzó a generar la necesidad de buscar nuevos negocios donde colocar los fondos, y a atraer a los mejores talentos humanos para, gradualmente, diseñar, desarrollar, operar y justificar socialmente el nuevo curso de la actividad. El éxito del proceso fue llevando a que su tasa de ganancia fuera muy superior a las producidas en los sectores productivos, con lo que este sector empezó a ganar ascendencia económica y social. En una segunda etapa, el final de la llamada “Guerra Fría” también hizo su parte, ya que, por diferentes razones que exceden este trabajo, el enfrentamiento geopolítico entre Occidente y el bloque del Este generó una fuerte restricción al movimiento de factores de la producción entre los países, que al desaparecer con la caída del “Muro” provocó el surgimiento de nuevos y numerosos polos de producción competitivos, con menores costos que los de los países desarrollados, lo que dio inicio a una continua salida de inversiones hacia los países emergentes. A partir de ese punto, estos nuevos actores del mundo económico no han parado de crecer a tasas muy elevadas, al contrario de lo sucedido en las economías tradicionales, que en su mayoría entraron en un período de crecimiento lento.

Como mostramos en las siguientes tablas, las 34 economías de la OCDE (la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, que nuclea a la mayoría de las economías más desarrolladas) representaban en 1980 el 76,2% del PB Mundial, medido en dólares, a precios corrientes. Esa misma proporción ascendió al 79,7% en 1990, se mantuvo en el 79,7% en el año 2000, pero se redujo fuertemente al 66% según las recientes estadísticas del Fondo Monetario Internacional. Si analizamos sólo a los principales 7 países más desarrollados (el G7), su participación en el PB Mundial, que era del 62,1% en 1980, pasó al 64,9% en 1990, al 65,7% en 2000 y cayó al 50,7% en 2010. Los mismos valores para los principales 32 países emergentes indican que, mientras en 1980 representaban el 16,8% del PB Mundial, habían caído al 12,5% en 1990, y habían vuelto al 16,4% en el año 2000, ascendieron al 28,3% en el 2010. Todo el conjunto de los países emergentes y en desarrollo, siguieron un camino similar, pasando del 23,8% en 1980 al 34% en 2010.



Si durante la próxima década se repitieran las tasas de crecimiento experimentada por de cada uno de los bloques, las 32 principales economías emergentes pasarían a representar el 49,1% del PB Mundial, mientras los países de la OCDE caerían el 50,9% restante.

Estos datos de la situación internacional marcan las tendencias de crecimiento de la economía mundial y, en alguna medida, muchos de los conflictos sociales y de indignados que se están dando en el mundo actual. También marca las regiones del mundo en que se está generando el crecimiento actual y dónde se producirán las mayores oportunidades para las inversiones en los próximos años. Más allá de los problemas actuales que se producirán con la crisis, a la larga será positivo para el resto de las naciones que se vaya ampliando el círculo de los países desarrollados, porque ésto va a aumentar las oportunidades de alcanzar un mejor nivel de vida para la gran mayoría de la población mundial, que aún vive en la pobreza, ya que ampliará las posibilidades políticas, geográficas y demográficas de progreso de buena parte del mundo. El colectivo económico mundial está marchando a dos velocidades: un grupo va adelante, avanzando muy lentamente, y el otro acercándose desde atrás, a gran velocidad.

Por esta razón es que resulta tan difícil entender la estrategia que están queriendo llevar adelante los países de Europa, y en menor medida EE.UU. Resulta cada vez más difícil pensar que en el fondo de las decisiones y de los planes que están impulsando los estrategas del Fondo Monetario Internacional y del Banco Central Europeo hubiera actos socialmente positivos, distintos a la presión por la transferencia de la mayor parte de los activos tóxicos, de los bancos a los estados; a la lucha sin piedad entre los bancos por la compra de aquellos de los más importantes que se encuentran en problemas, al punto de la zozobra; o a la pelea entre las empresas transnacionales por quedarse con las empresas públicas de los países con déficits, que tanto se presiona por su privatización. Si no es por ello, es difícil entender la lógica de su estrategia. Si la historia mundial se rigiera por las fuerzas que gobernaron los años de la crisis de la Argentina, no debería tenerse tantas dudas de con qué principios y con qué motivos se toman estas decisiones.




El impacto de la recesión mundial en la Argentina

Dado que los países desarrollados son grandes consumidores de productos y servicios, de los que una parte muy grande (y cada vez mayor) de los mismos es fabricada en los países en desarrollo y emergentes, la recesión reducirá esta compra fuertemente. Esta situación obligará a los países en desarrollo a modificar su estrategia para mantener las altas tasas de crecimiento, hasta que se recupere la economía mundial. Ello implicará, en el corto plazo, concentrar su crecimiento en sus propias economías, y para el mediano y largo plazo desarrollar lazos con otras economías en desarrollo, para promover el crecimiento mutuo e independizarse en alguna medida de la situación de los países desarrollados. Sin duda, todos intentarán defender su producción y cuidar el empleo de su población de los saldos de exportación de bienes y servicios que estarán buscando nuevos mercados donde ingresar.

Una conclusión bastante obvia es que Argentina no quedará al margen de esta tendencia mundial. Deberá buscar una estrategia similar para mantener el alto nivel de crecimiento logrado desde el 2003 hasta la fecha, de 7,1% anual promedio. Por más que las exportaciones se han triplicado desde el final de la Convertibilidad, y han crecido a un ritmo de 13% anual promedio, cercano al doble al del crecimiento del PBI, y a que en el presente año alcanzarán un record histórico cercano a los 85 mil millones de dólares, aún representan una parte menor del producto bruto, cercano al 18% del total. A pesar de que este porcentaje no es tan elevado, las divisas que se generan por las ventas externas son muy importantes y necesarias para que la economía funcione normalmente, adquiera los insumos y bienes que necesita del exterior y haga frente a sus obligaciones externas. Dado que nuestro país debe cuidar el saldo favorable de la balanza comercial y que éste se viene reduciendo, es de esperar medidas concretas para mantener el resultado positivo.

Ante un escenario de recesión mundial nuestro país también deberá orientarse al mercado interno. Esta situación no es deseada ni elegida. Es un hecho de la realidad que llega desde el exterior, al margen de nuestra voluntad. Ante la crisis se debe actuar con decisión, tomando las medidas que fueran necesarias, (como en toda crisis) con una cuota importante de realismo y de imaginación para enfrentarla del mejor modo posible, como ya se hizo en 2009 con resultados bastante aceptables. Hay que estimular el gasto, la inversión, el desarrollo de obras públicas y el consumo, cuidando los empleos y la producción nacional.

Pero fundamentalmente es necesario ser muy lúcidos y serenos para darse cuenta que, más allá de lo lamentable que es atravesar una recesión mundial, esta crisis también va a brindar oportunidades. En particular, la misma puede permitir delinear cambios necesarios para potenciar la economía, para modificar el rol de Argentina en el mundo y para tejer nuevas alianzas en materia internacional para cuando pase la recesión. Hay una serie de asuntos en nuestra economía que deben reorientarse y, aprovechando el relativo aislamiento que provocará la crisis mundial, se puede aprovechar para resolverlas.

La estrategia general a implementar durante el período de recesión debería apuntar a fortalecer y expandir la capacidad productiva de la economía nacional, profundizar la integración regional con los países de América del Sur y desplegar relaciones económicas y políticas más profundas con los países emergentes.

La especialización como proveedora mundial de materias primas y recursos naturales debe ir quedando atrás, abriendo paso a una nueva etapa, superadora de la tradicional, consistente en la agregación de valor local, el impulso a las producciones regionales y de impulso a sectores de alta tecnología. Es el camino más corto hacia el desarrollo del país.

Lineamientos fundamentales para enfrentar un contexto internacional recesivo:

1- Fortalecer y expandir la capacidad productiva de la economía nacional

Hay numerosas regiones y localidades de nuestro país que aún no han alcanzado razonables niveles de desarrollo porque se encuentran ligadas a actividades y a producciones primarias de subsistencia. Estas zonas necesitan desplegar y desarrollar su potencial productivo hasta igualar la media argentina. Nos referimos a tantas zonas y localidades de muchas provincias que se encuentran integradas en forma muy precaria a la economía nacional. Transformar esas economías y esos sistemas productivos ya superados, implicaría mejorar los niveles de vida de numerosos pueblos del interior de nuestro país, para que sus habitantes también dispongan de las ventajas, los beneficios y las oportunidades de que goza el resto.

Así como se necesita trabajar en la substitución de importaciones con valor agregado, se necesita generar una substitución de empleo de baja productividad. Ésto es un proceso. A medida que nuestra economía termine de reducir el desempleo tan elevado que sufrió durante la Convertibilidad y lo lleve a niveles aceptables y razonables, cercanos a tasas del 5% de desempleo, donde cada persona pueda insertarse fácilmente en el mercado de trabajo según su capacidad y su formación, como supo ser habitual durante décadas en nuestro país, como hay cada vez más consenso que debería ser la meta para el próximo período de gobierno, habrá que ir la búsqueda de este objetivo superador. El mismo debería implicar la transformación y modernización de los sistemas de trabajo primarios más rezagados, por otros más productivos. Ello permitiría emplear personas en tareas de mayor rendimiento económico en la misma localidad, ligadas a la industrialización de esos recursos naturales, con lo que el PB local y por habitante crecería. Ello implicará un fuerte salto de calidad de vida para esas personas, y una dinamización para las regiones todavía marginales.

La transición es clara y es simple. Una vez que la tasa de desempleo alcanza su nivel friccional, aquel en que sumarse al mercado laboral prácticamente depende de cada persona, la oferta de trabajo para una actividad está muy ligada a la retribución del trabajo en esa producción, por lo que el desafío empresario pasa por la productividad del empleo. Lo importante no es lo que se paga en valor absoluto al trabajador, sino lo que este produce. Ello lleva a un círculo virtuoso de productividad, donde los puestos de trabajo son mejor pagos, pero a su vez son más productivos, por lo que mantienen (o mejoran) la competitividad. Este proceso está directamente ligado a la inversión, que implica agregación de valor e industrialización.

Por ejemplo, en una economía regional donde se produce algodón, si se empezara a industrializar el mismo en la zona para producir tejidos, que pagan mejores salarios que el trabajo en el campo, la tasa de desempleo regional comenzaría a bajar. La población se desplazaría al sector industrial, por lo que, con menos personas trabajando en el campo, se debería hacer el mismo trabajo que antes realizaban más trabajadores, por lo que se necesitaría capacitarlos e implementar mejores sistemas de organización, que implican mayores salarios, pero empleos más productivos. Así, gradualmente, se dejaría de enviar el algodón a las ciudades más industrializadas y empezaría a industrializarse en la misma región, generándose un círculo virtuoso, donde los trabajadores ganarían más, la demanda local y los precios del algodón serían más estables y elevados, se elevaría el empleo, se fortalecerían las cadenas productivas, aumentarían la producción y las ganancias generales y se pagarían mayores tasas e impuestos a los gobiernos locales y provinciales.

En este proceso es vital promover e incentivar un sistema que aliente y canalice la inversión. Es un hecho que la misma está creciendo fuertemente en los últimos años. Actualmente nuestra economía está sosteniendo una de las tasas de inversión más altas de las últimas décadas, situándose en el orden del 23% del PBI, la segunda más alta de la región detrás de Chile. Ello es muy importante porque permitiría sostener altas tasas de crecimiento en el futuro. Lo necesario, más allá de esta mejora es atender dos situaciones puntuales. La primera es revertir el proceso por el que cada año se retiran del país miles de millones de pesos. La misma no tiene sentido desde que nuestro país ha mostrado en los últimos nueve años una de las tasas de crecimiento más altas y estables del mundo. Todos esos recursos podrían perfectamente financiar las necesidades de inversión nacional obteniendo buenas tasas de rentabilidad en el sector productivo. Hay que desarrollar instrumentos financieros ligados a la producción para incentivar proyectos de inversión nacionales, para que estos fondos se queden en el país y financien inversiones productivas.

El segundo punto pendiente es el de implementar un sistema que aliente la inversión en el interior del país. Ello se podría estimular mediante diferenciales impositivos y de tasas de interés que premien la inversión productiva en los lugares menos desarrollados del territorio. Por supuesto, esta promoción de la inversión productiva debe ser complementada con otros asuntos que son importantes a la hora de decidir montar un emprendimiento en una localidad. Entre ellas está la necesidad de contar con recursos humanos de calidad para integrar los planteles de las empresas. La fuerte inversión en educación que se ha logrado en los últimos años debe ser mantenida, las inversiones en los programas de educación en nuevas tecnologías como el Plan Conectar Igualdad debe continuarse, apostando al 100% de fabricación y desarrollo nacional, y debe continuar el proceso de inversión en la recuperación de las escuelas técnicas, grandes formadoras de recursos humanos para el sistema productivo.

Este proceso de industrialización también requiere agregar valor en origen, para las economías primarias. Ello logrará generar más y mejores empleos locales, aumentar la demanda agregada y diversificar la producción regional. Por esa vía se podría retener dentro del mismo territorio buena parte de los salarios, sosteniendo e intensificando el sistema económico, evitando que el ingreso se consuma en otras regiones más industrializadas del país, que estanca el crecimiento local.

También es necesario desarrollar obras de infraestructura que permitan poner en valor numerosas regiones del país. Esto implica desarrollar sistemas de transporte para unir y mejorar el acceso a numerosas zonas del territorio que, por falta de buenos accesos, quedan marginados del sistema económico nacional. Estas inversiones permitirían poner en funcionamiento zonas postergadas, unir entre sí economías regionales, favorecer la integración de las cadenas productivas, y ampliar sus zonas de posibles mercados. Nuevas rutas y autopistas, puertos y mejores vías de navegación, aeropuertos, puentes y ferrocarriles, además de interconectar las diferentes regiones y llegar a más partes del territorio, permitirían reducir el costo de los fletes y desarrollar nuevos puestos de trabajo que se crean con la obra pública.

También sería positivo desarrollar nuevas obras de infraestructura para vincular las regiones fronterizas de nuestro país con los países vecinos. De esa manera se podría proveer a esas zonas salidas físicas alternativas y la posibilidad de acceder a otros mercados diferentes a los de la zona central del país. Ello permitiría desarrollar vínculos con zonas vecinas, potenciales contrapartes, abriendo nuevos mercados a sus productos regionales, permitiéndoles que se puedan integrar y complementar sus cadenas productivas y aumentar sus escalas de producción.

Es muy importante que, con un sentido federal, todas las localidades del país cuenten con buenos servicios públicos. Todas las localidades necesitan contar con agua potable, servicios de cloacas, gas, electricidad, televisión, internet y telefonía para ser económicamente más productivas. Lo mismo puede decirse de la educación y la salud. Una zona bien servida de servicios públicos implica una población y un territorio más productivo. Las fuertes inversiones en infraestructura que se están invirtiendo deben mantenerse, porque además de que representan una necesidad legítima por sí misma, aumentan la tasa de inversión, aumentan la demanda agregada, generan muchos puestos de trabajo, y ponen en funciones a buena parte del territorio menos favorecido.

Otro tema central es continuar avanzando con el proceso en curso de sustitución de importaciones de alto valor agregado. Nuestro país adquiere anualmente gran cantidad de bienes industriales, que representan el 85% de todas nuestras compras externas. Durante 2010, estas importaciones MOI representaron 47.000 millones de dólares, gran parte de las cuales deberían fabricarse en el país para desarrollar nuevas empresas, generar gran cantidad de puestos de trabajo de calidad y alta productividad, fortalecer el mercado interno, diversificar la estructura productiva y retener las divisas generadas por las exportaciones. Esas compras externas representan una producción cercana al 40% del PB Industrial con lo que éste podría recibir un fuerte crecimiento a mediano y largo plazo. El mismo posibilitaría reducir el déficit industrial, cercano a 27 mil millones de dólares anuales y aumentar el superávit comercial.




También se debe continuar el impulso del Estado a sectores estratégicos de alta potencialidad futura, que incorporan conocimiento y alta tecnología. Es necesario abrir nuevos sectores de alto valor agregado, no tradicionales, para evitar competir en aquellas producciones donde la clave es la mano de obra y el empleo de insumos primarios tradicionales. En estas actividades se termina compitiendo con regiones del mundo con abundante mano de obra (por el tamaño de su población) que lleva a una degradación de las condiciones sociales. Lo que debe promoverse es la apuesta a numerosos sectores de alta potencialidad tecnológica que permitirían desarrollar una industria nacional de avanzada, formar recursos humanos de calidad y resolver el tema de la dependencia tecnológica del país con el exterior. Muchas de estas actividades ya se vienen impulsando y por eso vale la pena seguirlas apoyando: ferrocarriles, aeronáutica, industria espacial, industria farmacéutica, industria naval, biotecnología, nanotecnología, software y desarrollos informáticos, sistemas de comunicaciones digitales, energía nuclear, energías sustentables, química y bioquímica, entre otras.



2- Profundizar la integración regional

América del Sur es un gran territorio de 400 millones de personas, con una de las tasas de crecimiento económico más altas del mundo, que la hizo pasar del 4,1% al 5,6% de la economía mundial en los últimos diez años. Posee una muy buena provisión de recursos plenamente demandados en la actualidad, como agua, enegía, alimentos y recursos minerales. Este es el siglo de este continente.

No se puede enfrentar esta crisis, ni avanzar hacia el desarrollo, en forma aislada. América del Sur ha vivido tradicionalmente desunida desde su independencia, cuando terminó la etapa colonial que la ligaba a España y Portugal. Mientras Brasil mantuvo su unidad y extendió su territorio, la América española se fragmentó en los actuales estados nacionales y redujo su extensión. Ese proceso no fue espontáneo, fue un plan sistemáticamente planificado y estimulado desde las sombras por Inglaterra. Los países herederos de la América española y portuguesa divididos y enfrentados, fueron debilitados y manejados, y así entregaron la mayor parte de sus energías humanas, económicas y sociales al provecho de otras naciones.

La crisis actual representa una buena oportunidad para revertir ese proceso. La conformación de UNASUR es un paso muy importante. Los países comienzan a reagruparse y a tomar conciencia de que unidos, tienen mucha más potencia y fortaleza ante el mundo que separados. Esta etapa que se abre debe permitir avanzar en la integración política y económica, la integración física y energética, y en el acuerdo de una política exterior común. Es muy importante promover el funcionamiento de un sistema económico más amplio, integrado y orientado a la producción de bienes de mayor valor, con mayor presencia en el mundo.




Es necesario avanzar en la integración, ampliando el Mercosur a nuevos miembros para aumentar su escala, balancear mejor el peso de cada país, y apuntalar la preferencia regional para las empresas locales. Se necesita promover la sustitución de importaciones extraregionales por producción local, impulsar el desarrollo conjunto de sectores y proyectos estratégicos ligados a las nuevas tecnologías, promover la integración física y energética de los países que la integran.


3- Profundizar la relación con los países emergentes

Como señalamos en la introducción de este trabajo, en las próximas décadas se incrementará el rol en la economía mundial de los países emergentes y en desarrollo. La mayor parte de los países desarrollados muestran un corto y mediano plazo cargado de dificultades en el plano de la economía real, lo que les hará perder importancia relativa. No hay dudas de que Estados Unidos y Europa continuarán siendo economías líderes, pero su situación las potencia más como mercado consumidor y plaza financiera que como grandes productores mundiales. La crisis de 2008 y su continuación actual, estarían indicando que ha comenzado una nueva era económica, con nuevas condiciones y nuevas necesidades para el desarrollo.

En ese contexto es evidente que Argentina debe estrechar sus relaciones económicas con los países emergentes. Las enormes masas de población de estos países que, de a poco pero firmemente, van aumentando su nivel de vida, saliendo de la pobreza y convirtiéndose en consumidores de ingresos medios, generarán nuevas necesidades y grandes oportunidades a ser atendidas por los exportadores mundiales.



Nuestro país necesita ampliar el número de sus socios comerciales más importantes. Es estratégico que los países emergentes aumenten su importancia relativa entre los países con los que Argentina mantiene relaciones económicas en el plano internacional. Se requiere un cambio cualitativo, que modifique la estructura económica y su especialización en el sistema de producción mundial. Dejar de pararse como proveedora de materias primas y demandante de bienes de alto valor agregado, ya que esta situación no traerá cambios profundos, sino sólo un cambio de nombres entre proveedores y socios, bajo el mismo esquema general.

La demanda global de los países emergentes crecerá fuertemente en el futuro y hay que potenciar a nuestra economía para que sea una de las proveedoras de los productos con alto valor agregado que van a demandarse. Esta situación requiere preparar al aparato productivo, pero también al aparato administrativo y promotor del Estado pensando en estas nuevas realidades.

En particular se necesita vender a los países emergentes más exportaciones de alto valor agregado y que las mismas representen una proporción más elevada del total de ese rubro que exporta nuestro país. Actualmente, nuestras exportaciones de mayor valor se concentran mayoritariamente en los mercados de América Latina (85% del total MOI exportado). El pequeño resto se reparte en proporciones similares en un 5% para EE.UU. y Canadá, 5% a Europa y 5% al resto del mundo. Las exportaciones MOI a los países emergentes son muy bajas, sobre todo para países que están creciendo a ritmos muy elevados en la última década, como puede apreciarse en el cuadro siguiente. Se debe revertir esta situación, ya que éstos serán los que más crecerán en el futuro. Excluyendo a Brasil, las ventas externas de MOI a los 4 restantes países BRIC, Rusia, China, India y Sudáfrica, sólo alcanzaron 325 millones de dólares en 2010, 1,7% de nuestras exportaciones MOI totales.

Dado que este proceso no es ni espontáneo, ni rápido, ni sencillo, se debe intervenir para estimularlo, lo que implica apoyar los nuevos emprendimientos y sectores creadores de valor, abrir nuevos mercados con países con los que Argentina no ha tenido hasta el momento importantes relaciones comerciales y promover condiciones para que numerosos sectores e industrias de alto contenido científico y tecnológico se vayan orientando a la exportación. Esto implica tanto la generación nacional de grupos empresarios dedicados a sectores de alto valor agregado, como la necesidad de atraer inversiones del exterior, que no es la única fuente de inversión, como suele repetirse tan a menudo a favor de las inversiones extranjeras.



4- Cuidar las divisas

A pesar que nuestro país ha logrado obtener superávits comerciales ininterrumpidos desde el final de la convertibilidad, de un orden de los 13.100 millones de dólares anuales promedio, que han permitido financiar las obligaciones y necesidades externas de la economía y lograr el superávit de la cuenta corriente del Balance de Pagos, hay todavía cuestiones pendientes que requieren revisarse, ya que, por diferentes canales, buena parte de las mismas se retiran del país.

Uno de los más importantes es el de la remisión de utilidades de las empresas transnacionales a sus casas matrices para cubrir las dificultades de la crisis de los países centrales. Las mismas han enviado a sus países de origen montos equivalentes al 50% del saldo comercial en los últimos cinco años, y dicha proporción se ha elevado al 64% en 2010, alcanzando una cifra cercana a 7.000 millones de dólares. El tema no es menor, dado que, en general, dichas empresas no son exportadoras ni generadoras de divisas y el déficit del balance de pagos es uno de los blancos históricamente frágiles de nuestra economía. Cuando se habla livianamente de la importancia de la inversión extranjera, normalmente se pasa por alto dicha problemática.

En algún momento se debe analizar con detenimiento cada sector económico, para tener claro qué porcentaje de cada mercado está en manos de empresas transnacionales y de qué manera se puede estimular a las empresas nacionales a que ingresen a los mismos. Las consecuencias del modelo de los ´90 que promovía la transnacionalización de la economía, más allá del nombre que se le quiso dar, terminó provocando la transnacionalización en una sola dirección, es decir, la extranjerización. Lo que hubo fue un proceso generalizado y continuo de compra de empresas argentinas por parte de competidoras de otros países. Son muy pocos los ejemplos de empresas nacionales que adquirieron compañías en el exterior y se transnacionalizaron, como dice el término. Ello es una cuestión pendiente que debe abordarse, porque ofrece un flanco débil de nuestra economía.

Actualmente y fruto de ese proceso, casi dos tercios de las 500 mayores empresas son extranjeras. Si tenemos en cuenta que las mismas se instalan en el país con una estrategia de abordaje regional, buscando atender la demanda exclusiva de América Latina, ya que en otras regiones disponen de otras sucursales que las atienden, es muy difícil lograr que Argentina aumente sus exportaciones de alto valor agregado a los países emergentes. Por eso se debe estimular el surgimiento de nuevos exportadores.

También necesitan revisarse algunas ventajas que se les concedió a numerosos sectores económicos en la década del ´90, para incentivar la inversión de grupos transnacionales. Las mismas están relacionadas con la posibilidad señalada de no ingresar al país las divisas luego de realizar las exportaciones (minería, pesca, petróleo, granos, gas y electricidad), la facilidad de las empresas para remitir utilidades a sus países de origen, el no pago de impuestos y tasas de que gozan algunas actividades financieras y la facilidad con que estas logran sacar dinero del país en operaciones de compra - venta de acciones, futuros y títulos que, en ocasiones, rozan lo legal.

A futuro, cada operación de exportación que se realizara desde nuestro país debería ingresar las divisas cuando se concretara, debería gravarse más fuertemente la entrada y salida de capitales especulativos, exigirse el pago de tasas e impuestos a todas las empresas que realizan negocios en nuestro país, en igualdad de condiciones, y exigirse el pago de impuestos a numerosos sectores económicos que están eximidos de los mismos y que constituyen una inequidad y un privilegio respecto de quienes sí pagan todos los impuestos, tasas y aranceles.

Por supuesto que deben ajustarse e intensificarse los controles. Pero, más allá de los mismos, se debe avanzar en lograr consensos con muchos sectores económicos ligados a la producción para que inviertan en el país. Los costos del estímulo son siempre menores que lo que significa para el país el retiro del circuito económico de las ganancias.

Una manera de comenzar a revertir esta dificultad para la administración de las divisas está surgiendo desde UNASUR. La propuesta por comenzar a realizar el intercambio de bienes utilizando monedas locales de cada país, hará menos imprescindible y vulnerable la tenencia de divisas en el sur del continente. Por su parte, la creación del Fondo del Sur permitirá disponer de una gran reserva de divisas para enfrentar las situaciones de desequilibrio externo, sin tener que atender las demandas políticas de las políticas económicas del Fondo Monetario Internacional. Finalmente, la Creación del Banco del Sur, permitirá llevar adelante numerosos proyectos de inversión de largo plazo, que normalmente financian el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo, según las necesidades y las condiciones de las empresas de sus países accionistas, y no las de los países de la región, con lo que se quedan con los negocios más rentables y estratégicos, en contra de las empresas locales, que de ese modo les resulta muy difícil crecer y desarrollarse.

En definitiva, mercado interno, UNASUR y países emergentes, de adentro para afuera, es la tríada del éxito para enfrentar el futuro. Nuestro país está creciendo fuerte y sostenidamente, más allá de lo que puede provocar la crisis, que no depende de nosotros. Y aunque hay asuntos pendientes por enfrentar, se debe mantener el rumbo que se ha seguido los últimos años, que le ha permitido a nuestras empresas recuperarse y crecer y a nuestra población mejorar su nivel de vida y enfrentar los próximos años recuperando el orgullo y la esperanza.




(*) Este trabajo ha sido realizado por Santiago Solda, Economista de AIERA, en Octubre de 2011





9 de octubre de 2011

Pernicone: “Con la gestión del Intendente Bolinaga acompañamos al empresario y a los inversores para ayudarlos a generar empleo”

Nota a Marcos Pernicone para Radio 10 Pergamino y DiarioPergamino.Com - "Hora Pymes" -




http://www.diariopergamino.com/index.php?option=com_content&view=article&id=1508:pernicone-con-la-gestion-del-intendente-bolinaga-acompanamos-al-empresario-y-a-los-inversores-para-ayudarlos-a-generar-empleo&catid=51:general




El Secretario de Producción de Arrecifes fue entrevistado por Radio 10 Pergamino y contó las estrategias e inversiones municipales para favorecer el desarrollo industrial en la vecina localidad.

“Con la gestión del Intendente Bolinaga acompañamos al empresarios y a los inversores para ayudarlos a generar empleo”, es la frase que resume la nota con Marcos Pernicone, Secretario de Producción de Arrecifes para Radio 10 Pergamino en el segmento “Hora Pymes” que conduce el Lic. Lisandro Mogliati dentro del programa “Buenos Muchachos” en la frecuencia 107.3.

Pernicone contó cómo fue todo el proceso que transformó un predio de 32 hectáreas sobre Ruta 8 en un Sector Industrial Planificado, que se ha convertido en el espacio donde han recalado mayor cantidad de inversiones a nivel regional en los últimos años, contando ya con “seis proyectos empresariales en ejecución y nueve inversiones más que están en obra, levantando sus plantas industriales”.

Para convertirse en tierra fértil para las inversiones productivas, esta gestión trabajó mucho durante varios años e invirtió en infraestructura básica una cifra cercana a los 2.500.000 pesos y la construcción de una línea eléctrica de envergadura y un tramo del gasoducto demandaron unos 3.870.000 pesos para poder contar hoy con este predio modelo para la radicación industrial y la promoción del desarrollo local, estas cifras se desprenden del relevamiento realizado al Sector Industrial de Arrecifes en el marco del “Proyecto de Vinculación Tecnológica en las Empresas de los Aglomerados Industriales”, que lleva adelante en la región la Comisión de Investigaciones Científicas de la provincia de Buenos Aires, del cual Arrecifes forma parte.

Estas últimas inversiones, según Pernicone, posibilitaron la llegada de la planta de procesamiento de alimento balanceado del Frigorífico “Soy Chu” que está asentado en la vecina localidad de Salto y que con la nueva inversión que está realizando en la Zona Industrial de Arrecifes, podrá cerrar el circuito productivo, por cuanto procesará y elaborará a partir de la materia prima regional, el alimento para su red de granjas avícolas, que abastecen el frigorífico estableciendo una nueva cadena de valor regional.

Nuestro entrevistado, ahora también candidato a concejal en primer término de la lista que impulsa la re-elección de Daniel Bolinaga al frente del municipio, también destacó el “apoyo permanente que tienen las pymes locales, por cuanto los ayudamos en sus trámites por habilitaciones y en la gestión crediticia, tratamos de allanarles los caminos para que accedan al financiamiento blando que hoy dispone la Nación al empresariado nacional para favorecer las inversiones productivas”.

Sin dudas el de Arrecifes es muestra de un modelo virtuoso, donde la coyuntura económica a nivel nacional que favorece las inversiones y el desarrollo productivo, conjuntamente con un engranaje bien aceitado a nivel municipal, logra los resultados esperados, más inversiones y la generación de empleo que ya ha permitido que el Sector Industrial Planificado de Arrecifes, cuente más de 250 trabajadores entre las pymes establecidas y las que están en etapa de construcción, mientras están tramitando la llegada de una empresa textil a la localidad, que en caso de radicarse demandaría no menos de 100 nuevos empleos.

Arrecifes es un ejemplo a seguir en materia de promoción de las inversiones, una meta que debería proponerse y llevar adelante la Municipalidad de Pergamino, que parece haber resumido su estrategia al slogan "no hay más terrenos en el Parque Industrial" (?), cuando en realidad debería ponerse a tono en esta competencia regional por las inversiones que surcan con intención de recalar.

2 de octubre de 2011

DiarioPergamino: ¿Crisis = Oportunidad? Un análisis doméstico de la crisis internacional y del impacto en la Argentina



Estamos atravesando a nivel global un período crítico que afecta a las finanzas internacionales y cuyo mayor impacto se vislumbra en los países desarrollados y esto tiene una explicación, pues se está gestando un nuevo orden internacional, donde la desconfianza creciente en el liderazgo de EE.UU y de varios países europeos, ocasiona que las propias medidas anti-crisis que se adoptan, no tengan un resultado ordenador porque no hay confianza a nivel global, de que estas naciones estén en condiciones de resolver los problemas.

Por Lic. Lisandro Mogliati (*)

Los organismos financieros internacionales que históricamente responden al orden económico mundial en decadencia, tampoco gozan de un beneplácito como para estructurar programas eficaces para extinguir la crisis.

Las recetas que se aplicaron en los ´90 y en los primeros años del 2000 en la Argentina, han demostrado la incompetencia de los modelos ortodoxos que plantean más ajuste en tiempos de crisis y con las mismas recetas que impusieron en nuestro país, por los designios del Consenso de Washington, las replican en Grecia, en Irlanda, Portugal y España (hoy denominados los PIGS –cerdos en inglés- en términos despectivos), podríamos incluir a Italia en esta lista, conformando el grupo de países de la Unión Europea, con mayores dificultades para alinear sus economías y donde socialmente han aflorado los “indignados”, una expresión europea de los “cacerolazos” del 2001 en la Argentina.

El mundo ya no es el mismo, EE.UU atraviesa el fin del “sueño americano”, con sus industrias deslocalizadas por razones de costos en el Sudeste Asiático y América Latina, y un desempleo estructural que difícilmente pueda superar en las próximas décadas, con un sistema financiero que ya no ofrece garantías a los inversores, después de la “burbuja inmobiliaria” y las hipotecas “subprime” que arrasaron una economía ficticia sostenida sobre bases endebles.

La Unión Europea combina en su integración bajo la moneda común a economías sólidas, como Alemania y Francia, y naciones con mayor vulnerabilidad y cuyo destino está más cerca de una salida ordenada de la “zona euro”, como es el caso de Grecia que ya no sabe cómo mantenerse dentro de la “Unión Económica y Monetaria” prevista en el Tratado de Maastrich, donde se plasmó la adopción del euro como moneda común.

Sin depreciación de la moneda y ganando competitividad en los términos de intercambio vía sus exportaciones, Grecia no podrá salirse de la crisis, pero para ello debe renunciar al Euro, lo cual traería consecuencias devastadoras para Europa, abriendo la puerta a más fugas de la moneda común y la desaparición de la Unión Europea.

Para evaluar el impacto de la crisis en nuestro país, es crucial lo que pase en China, esta semana hubo una luz de alarma por la ralentización de la actividad industrial china y esto produjo un fuerte ajuste hacia la baja en la cotización de la soja y del aceite en el mercado internacional, pronunciando la caída en los precios que viene dándose en las últimas semanas.

Es un dato preocupante, pero debemos pensar que la Argentina presenta, ante este contexto internacional una solidez económica y financiera que permitirá sostener los niveles de empleo, porque si bien el conjunto del complejo “sojero” (incluyendo el poroto de soja, el aceite y sus derivados) es importante y representa cerca de un 24 % del valor total de las exportaciones argentinas, el año 2010 cerró con un nivel de exportaciones de MOI (manufacturas de origen industrial) mayor que las MOA (manufacturas de origen agropecuario), lo cual denota un crecimiento del sector industrial y de sus exportaciones que incluyen mano de obra.

A su vez existe una clara política de industrialización por sustitución de importaciones, que fortalece a través de diversos mecanismos de comercio regulado, como la implementación de licencias no automáticas para ciertos productos importados, lo cual “blinda” a las PyMES nacionales que compiten con las importaciones y protege el trabajo argentino.

Lo concreto es que ante la crisis los países desarrollados (especialmente EE.UU y la UE) consumen menos y reducen sus importaciones, China es proveedor de estas naciones, por lo tanto sus ventas externas se reducirán, como consecuencia de ello su ingreso de divisas se verá menguado.

Con estas mismas divisas China paga nuestras exportaciones del complejo sojero – aceitero, esta situación debería llevar a un nuevo punto de equilibrio en la cotización de los granos, pero no impactaría sensiblemente en el volumen de exportaciones, porque la elasticidad de la demanda de alimentos, es mucho menor que la de cualquier otro producto y además porque países como China e India, no pueden lograr un autoabastecimiento para alimentar a su vasta población.

La crisis está en un mundo globalizado, interconectado, pero “crisis”, según los japoneses, es también sinónimo de oportunidad y nuestra oportunidad radica en el fortalecimiento de la senda económica de la industrialización, atenuando la dependencia de las exportaciones de productos primarios, porque la cotización y los negocios internacionales de esta producción, están condicionados por los ciclos económicos, algo que no puede preverse y que está fuera del alcance y maniobras que nuestra economía doméstica pueda realizar.-

(*) Columnista de Radio 10 Pergamino y DiarioPergamino.Com – “Hora Pymes”
Licenciado en Gestión de Negocios Internacionales