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30 de julio de 2012

El ingreso de Venezuela al MERCOSUR: Un hecho natural que potencia el desarrollo regional, el comercio y las inversiones.


Para quienes pretenden desdibujar la relevancia de un MERCOSUR ampliado y una América Latina atravesada por procesos de integración genuinos, sin prisa, pero sin pausa y con las convicción de sus gobernantes de formar un terreno fértil para el desarrollo endógeno y la autodeterminación de nuestros pueblos, el ingreso de Venezuela debe ser interpretado con absoluta naturalidad y en el marco de las pautas fundamentales que dieron origen a los acuerdos regionales.

La evolución de la integración latinoamericana se ha caracterizado por su complejidad, por la negociación de objetivos de ligazón que suponen dificultades para su cumplimiento pleno y por las presiones externas que intentan frustrar el progreso y los avances de una integración plena y más abarcativa.

En tal sentido podemos mencionar los históricos acuerdos de la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio en 1.960 y posteriormente la ALADI (Asociación Latinoamericana de Integración) de 1.980, que surge a partir del “Tratado de Montevideo” que estipulaba entre sus principios fundacionales la integración económica y social de América del Sur.

De la propia ALADI y respetando uno de sus mecanismos de complementación económica se constituye a principios de la década del 90, el MERCADO COMUN DEL SUR (MERCOSUR), más allá que en la práctica, técnicamente, no termina de definirse entre una zona de libre comercio inconclusa y una unión aduanera imperfecta.

No obstante estas “imperfecciones” vistas desde la técnica integracionista, es importante destacar los logros alcanzados por el MERCOSUR como mecanismo de creación de comercio, dado que las dificultades en el proceso, no han sido óbice para que el comercio recíproco haya crecido exponencialmente entre los miembros plenos y los estados asociados al MERCOSUR.

Además se fue desarrollando un esquema sustitutivo de importaciones, relegando las manufacturas procedentes de países en vías de desarrollo (y que no cuentan con preferencias arancelarias) se fueron reemplazando por productos “Made in MERCOSUR” que se ven beneficiados a partir de un esquema de liberalización arancelaria acordado recíprocamente por los miembros del MERCOSUR y sus socios a raíz de la apertura comercial que prevé el acuerdo.

Uno de los objetivos salientes del “Tratado de Asunción” de 1991, fue la ampliación progresiva del MERCOSUR como eslabón de la integración comercial de todo el Cono Sur a través de un regionalismo abierto, signado actualmente por nuevas consignas que valoran la complementación económica y no así la competencia entre los estados asociados.

En el marco del cumplimiento de esta consigna, se encuadra el ingreso de Venezuela como miembro pleno de este acuerdo marco sudamericano, del mismo modo que otras naciones de nuestro continente proyectan el sueño integracionista de hacer de América del Sur, un continente consolidado comercial y económicamente, porque los lazos culturales y las raíces comunes deben ser un aditamento que aceite un esquema de negocios recíprocos que fortalezca el entramado productivo sudamericano y que nuestras pymes encuentren en la internacionalización de su producción, tan necesaria, puertas abiertas entres sus vecinos inmediatos.

Con Venezuela dentro del MERCOSUR el bloque se transforma en un mercado regional de más de 250 millones de consumidores, con una economía que supera los 120.000 millones de dólares y la mayor fuente de energía hidrocarburífera de todo el continente americano, lo cual cambia radicalmente la ecuación energética, potenciando el desarrollo regional y las inversiones.

Sin dudas, las suspicacias políticas y las presiones exógenas a los intereses del bloque regional, pugnan por mostrar inconsistencias en el ingreso de Venezuela como miembro pleno, ignorando la relevancia de ampliar a más países el acuerdo.

Por: Lic. Lisandro Mogliati
l_mogliati@hotmail.com

No podemos hacer una integración entre pocos, sólo sirve el mercado ampliado, la multiplicidad y multiplicación de cadenas productivas, una complementación económica creciente y un comercio internacional que día a día aporte en la balanza comercial de los estados sudamericanos integrados, un mayor componente de la producción de sus socios regionales y que la política de sustitución de importaciones, se focalice definitivamente en el reemplazo paulatino de las manufacturas provenientes de países y bloques de extrazona, es decir de aquellas latitudes lejanas, distantes y ajenas a nuestro desarrollo regional que expresado en un MERCOSUR ampliado, se proyecte definitivamente como la materialización económica de la “Patria Grande” y de una “Sociedad Latinoamerica”.-

10 de julio de 2012

Crisis mundial, rindes y precios: Combo fatal para la apicultura nacional

Por Lisandro Mogliati
Lic. en Gestión de Negocios Internacionales
Titular de la empresa APHIS S.A

Habitualmente la Argentina compite con China para saber, año a año, quien es el país líder en las exportaciones mundiales de miel a granel (es bueno tener en cuenta este dato, porque se trata de una exportación tipo “comoditie” sin mayor valor agregado y en tambores sin diferenciación por calidad o derivación floral de la miel).

En los últimos años la apicultura argentina ha ingresado en una nueva fase crítica en lo que respecta a su sustentabilidad futura como actividad rentable.

Con un número en franca reducción de productores que tengan a la apicultura como actividad principal, el negocio exportador se sustenta en gran parte, por una atomizada gama de pequeños apicultores dispersos en su ubicación geográfica que pugnan por espacios aptos para la instalación de apiarios en medio de una “sojización” total, estos apicultores a fuerza de una marcada vocación, aportan algunos tambores a un saldo exportable que se irá indefectiblemente ajustado a la baja (es dable recordar que la Argentina exporta el 95 % de su producción!).

Sin dudas que el factor climático, la pérdida de la biodiversidad (vegetal principalmente), los cultivos tradicionales y las prácticas agrícolas atestadas de plaguicidas, potentes herbicidas y fertilizantes atentan contra las abejas y su labor cotidiana en la producción de miel y derivados de la colmena, algunas de las tantas “externalidades negativas” de la producción agrícola extensiva que supimos conseguir.

Los datos del comercio internacional tampoco son poco alentadores, a la crisis internacional que afecta primordialmente a los países desarrollados, principales importadores de miel (en particular los miembros de la Unión Europea, donde la crisis financiera ha provocado verdaderos estragos en la economía) se suman restricciones sanitarias en Europa (con vocación proteccionista) como los OGM´s (más comúnmente llamados “transgénicos”) que obran como verdaderas barreras no arancelarias a nuestra miel (ver http://lisandro-mogliati.blogspot.com.ar/2011/08/transgenicos-una-nueva-barrera-para-las.html) y que se han erigido no solo en un obstáculo para el acceso a mercados sino como coadyuvantes de la disminución del precio de nuestra producción y un deterioro de la rentabilidad del negocio apícola.

En lo que a precios atañe, la cotización de la miel, en relación a lo que pagan actualmente los acopiadores y exportadores a los apicultores argentinos se mantiene apenas por encima de los 8 pesos por kilogramo (entre 8 y 8,60 han sido algunas de las cotizaciones relevadas).

Mientras tanto y estableciendo una comparación con el precio al que la miel llega a un consumidor de los EE.UU, país que también es productor de miel de relevancia (pero que a diferencia de la Argentina consume toda su producción e incluso debe importar grandes stocks para completar su consumo interno) en junio de este año logró alcanzar un récord de precio promedio de usd 5.67 por libra (equivalente a un poco menos de medio kilogramo), lo cual traducido en pesos argentinos el kilogramo rondaría los $ 40 pesos en góndola,  cifra que se transforma en la más alta en los últimos cinco años en los EE.UU y  multiplica por cinco el precio que se le paga al productor en nuestro país.

La cotización de la miel a nivel local (al menos en lo que respecta a lo que percibe un apicultor argentino) siguió la tendencia contraria y se redujo considerablemente en este último año y medio, cuando en 2010 había llegado a pagarse más de 10 pesos el kilogramo al productor.

A esta merma del precio, le siguieron rindes poco satisfactorios que no ayudan pues no superan los 25/30 kg. promedio por colmena (con varias regiones cuyos rendimientos están muy por debajo de esta cifra).

Como punto culmine de este combo, se agregan costos crecientes de producción que terminan por erosionar las posibilidades futuras de esta noble actividad alternativa y la posibilidad cierta de mantener en pié emprendimientos apícolas como actividad central, más aún en la zona núcleo sojera, donde la apicultura parece estar condenada a la extinción total, salvo aquellas pequeñas unidades productivas que en muchos casos son emprendimientos vinculados a hobistas de la apicultura que no reparan en los quebrantos de la actividad.





8 de julio de 2012

Positiva Intervención del BCRA potencia el Financiamiento PyME

Por Lic. Lisandro Mogliati

Una Mejor Oferta Crediticia para la Producción debe complementarse con una reestructuración del Sistema Financiero que Potencie el Acceso como Sujeto de Crédito a Emprendedores.

En tiempos turbulentos de crisis internacional, elucubrando esquemas que puedan disipar coyunturas complejas desde lo económico, es importante fortalecer herramientas de apoyo a los agentes que mayor respuestas pueden brindar con potencial de reactivar la economía, generando (o sosteniendo) el principal mecanismo de inclusión social, el empleo, esos actores primordiales del desarrollo económico son las PYMES.

Esta semana un anuncio de la Presidenta de la Nación, Cristina F. de Kirchner, va en ese mismo sentido, pues señala que el Banco Central de la República Argentina, obligará a los bancos privados clase A (los más grandes) a direccionar parte de sus empréstitos para bienes y servicios vinculados a la producción.

Se trata de líneas de crédito orientadas a las inversiones de las empresas que necesiten financiar la ampliación de plantas industriales, maquinaria o nuevas estructuras que supongan fortalecer su capacidad de producción, mayores niveles de competitividad, sustitución de importaciones o un mayor grado de internacionalización de sus manufacturas.

De acuerdo a la circular del BCRA, estos créditos se ofrecerán a una tasa equivalente al promedio de la Tasa BADLAR + 400 puntos básicos, que actualmente rondaría en una alícuota cercana al 15 % anual.



Con este nuevo sistema de créditos, hay una estrategia clara, redireccionar el flujo del financiamiento hoy sesgado al consumo (que caracteriza al sistema financiero argentino) y pasar a financiar más a la producción y a la industria.

La situación actual (que busca corregir con esta nueva medida el Banco Central) empuja la demanda de bienes y servicios por parte de los consumidores, pero no la oferta de manufacturas o servicios por parte de las pymes argentinas que no acceden a financiamiento laxo, situación que termina desequilibrando la ecuación y es un coadyuvante de la inflación.

Por lo tanto entendemos que esta medida que cambia el eje del financiamiento y pone un mayor énfasis en apuntalar a las pymes, es un acierto del gobierno nacional.

Ahora bien, más allá que a priori esta medida fortalece las expectativas de financiar a las empresas en términos de un endeudamiento razonable, a tasas más competitivas, forzando a los bancos a variar el formato de su cartera de clientes, aumentando su oferta crediticia a las pymes, las condiciones de acceso a los empréstitos no varían y para ser sujeto de crédito las exigencias se mantienen.

Esta situación de larga data en nuestro esquema crediticio, termina siendo socialmente inequitativo, dada las características estructurales del sistema financiero argentino que merecería una profunda reestructuración.

Ese rediseño del sistema financiero debe tener en cuenta una mayor asunción de riesgos por parte de los bancos, por ejemplo, en lo que hace al financiamiento de proyectos de inversión (especialmente en el “start up” emprendedor) que darían curso a la creación de nuevas empresas, más allá de los ingentes esfuerzos que realiza año a año la SEPYME a través de sus programas de apoyo emprendedor, disponiendo recursos para Jóvenes Empresarios a través del Capital Semilla o el PACC Emprendedor.

Estas dos herramientas (por citar solo algunas de las tantas que ha desarrollado el Ministerio de Industria) resultan útiles e innovadoras y en un marco de acompañamiento por parte del sistema financiero convencional, lograrían fortalecer su alcance entre los miles de emprendedores argentinos que apuestan a la empresa propia y que encuentran en el acceso al financiamiento, un verdadero obstáculo para alcanzar sus objetivos.-