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27 de junio de 2014

Proyectando mi emprendimiento: ¿Qué hacer? … pero también que no hacer!

Por Lic. Lisandro Mogliati
contacto@licenciadomogliati.com.ar 

Aconsejar y asesorar a empresas no es tarea fácil, en verdad los consultores solemos dar ideas-fuerza o líneas genéricas de trabajo, que resulten orientativas para luego, con la decisión adoptada por el empresario (es importante nunca intentar forzar su voluntad, sino persuadirlo con elementos valederos para la toma de decisiones) lograr la meta de concretar buenos negocios y la sustentabilidad de la empresa en el tiempo.

Pero muchas veces, los consultores deberíamos concentrarnos también y como señala Steve Jobs, cuan importante (tanto o más que saber que hacer), es conocer que cosas no deberían hacerse; a continuación vemos algunos tips que toda PyME debería prever a la hora de iniciar un nuevo negocio:

·         Tener un plan de negocios (pero no fanatizarse en seguirlo a rajatabla): Es altamente probable que todos los asesores de empresas indiquemos a un emprendedor que debe contar con un plan de negocios, este plan debe constituir una guía que ayude a saber qué hacer en la empresa en distintos aspectos y momento, facilitando la toma de decisiones.

Es fundamental conocer el propósito del negocio, quiénes son los clientes potenciales, cuál es la misión y los valores de la firma, los competidores, cuál es el siguiente paso y el horizonte de nuestra empresa pensado desde una prospectiva analítica de mediano y largo plazo.

Pero esto no implica seguir al pie de la letra lo que estipule ese plan como “venden” algunas escuelas de negocios, la realidad es dinámica y también lo es el mercado y los consumidores, por eso, el plan puede ajustarse por la realidad misma que nos impone el mercado, que es el que manda, pero eso sí, es básico contar con un plan de negocio que ayude en la orientación del camino a seguir.


·          Tratá de no tomar riesgos en solitario: Es cierto que existen historias de éxito de cómo una sola persona ha sido capaz de crear grandes y muy rentables empresas por sí misma, o la contra cara que nos habla pésimamente de establecer sociedades, con ese dicho popular que para “pares, están las medias”.  Pero lo normal es que se necesite a más de un individuo para el “start up” de un negocio y sobretodo para hacerlo crecer.

Con apoyo es más sencillo superar los obstáculos  del día a día y además en una empresa existen diversas tareas y especificidades que requieren de distintos perfiles.

·         No fabriques en grandes cantidades: Tenés una idea y ves que todo va bien, entonces el optimismo te lleva en andas y te lanzas a fabricar demasiadas unidades o muchas variantes del mismo producto o servicio que nadie te ha pedido aún, en caso de que el mercado se resienta y haya una caída en la ventas, esta situación se torna peligrosa, inmovilizando capital que debe rotar y con un segundo riesgo, acopiar mercadería que termine siendo obsoleta y deba venderse a precio de remate.


·         Sé capaz de cambiar el rumbo del negocio: Los seres humanos solemos ser conservadores en varios aspectos de nuestras vidas (y no se trata de un juicio de valor), pero sostenernos en negocios que no nos ofrecen una dinámica e ingresos adecuados sólo por cuestiones familiares, personales o por convicción puede terminar por fundirnos como empresa. Como ejemplo, la reconocida empresa finlandesa Nokia, era una papelera antes de ser una firma dedicada a la tecnología, pero en su momento, advirtiendo que la innovación era el nicho de mercado con mayor potencial de crecimiento, hizo un viraje para reorientar su negocio. En las PyMES pasa lo mismo, muchas veces creemos que nuestra idea es brillante y nos enamoramos de nuestro proyecto (dicen que el amor es ciego!), pero si no funciona hay que saber  cambiar a tiempo y apostar a otra cosa.

·         No desistas de apelar a la intuición (que no es lo mismo que intentar adivinar el futuro): Aunque parezca extraño y resulte científicamente improbable para el competitivo mundo de los negocios, todavía queda lugar para la intuición, poniendo en práctica esa facultad de ver más allá de la coyuntura que tienen algunos emprendedores. Muchas veces, la visión intuitiva puede transformarse en una ventaja comparativa respecto de la competencia.

·         No le hagas caso a los familiares y amigos: Muchos empresarios están demasiado confiados con una idea de negocio porque todos sus conocidos le han dicho que es estupenda y que probablemente se llenará de dinero, también suelen decirle lo contrario y mucha gente de nuestro círculo íntimo (sin malas intenciones) desaconsejan tal o cual iniciativa aún sin demasiados elementos de análisis para dar un no rotundo. Debemos tratar de huir de esos consejos (más allá de que nunca está mal escuchar a los demás). Para bien o para mal, ni las amistades ni la familia son clientes objetivos y sus valoraciones hay que ponerlas siempre en el terreno de la subjetividad por el vínculo que nos une.

·          Tené en claro los márgenes de rentabilidad: Lo más común es que un buen plan de negocios incluya un apartado en el que se destacan los márgenes de rentabilidad del negocio, lo menos indicado en estos casos es hacer un mal cálculo de esos márgenes que harán viable o inviable el negocio. Los márgenes no deben basarse solo en la diferencia que existe entre lo que cuesta a la empresa producir un determinado producto o prestar un servicio y el precio al que se vende al distribuidor, sino que debe contemplar la amortización de bienes de capital, maquinarias, rodados, intereses por financiamiento adquirido y además comprender a todos los integrantes de la cadena de producción y comercialización (incluidas promociones, publicidad, etc.), muchas veces hay costos ocultos que terminan por fagocitarse las utilidades del emprendimiento, llevando el proyecto al fracaso. 


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